sábado, 22 de octubre de 2011

Como dos gaviotas unidas
caminaremos
sobre los mares profundos
hasta encontrar aquel amor
que un día nos unió.

Como dos suspiros
que un día dos amores dieron
caminaremos en lo infinito del cielo
hasta encontrar esos labios que un día se unieron.

Como las hojas de un árbol en el otoño
así volaremos revoloteados
en las distancias compartiremos el mismo viento
y ahí mismo nos encontraremos.
Y si hacemos de tus besos
unas alas enormes y blancas
para conocer un nuevo mundo
lejano en aquel horizonte.

Mientras nos amamos
volemos hasta lo más alto
donde nos quedemos solos
tu y yo.
Que lagos tan azulados,
quien los viera!
Son tus ojos.

El inombrale

Estaba ella sentada, llorando
por aquel amor egoísta
tratándolo de sostener
apenas con ese vacío en el corazón.

Estaba él sentado, sonriendo
por aquel amor que un día le llego
sin pedir nada
le lleno de alegrías el corazón.

RIMA XXIII

Por una mirada, un mundo;

por una sonrisa, un cielo;

por un beso...

¡Yo no sé qué te diera por un beso!

Gustavo Adolfo Bécquer