
Era una noche de lluvia goteando temblorosamente al sentir el frio y soledad.
Una bella damisela con luceros llenos de amor
y silueta de cristal cantando una canción
que con su voz parecían versos para su amor,
el cual siguió la canción lleno de inspiración,
los dos cantaban con esas letras hechas para los dos
que el viento bailando los acompaño
y la noche fría los abrazo.
Ella de repente se ilusiono
y pidió a su buen amor,
un hombre tan bello como si fuera sol,
a su única y verdadera adoración
al cual cubría con sus brazos
que se confundían con seda
le cantará como último deseo
esa noche una canción.
El quería cantarle una perfecta a su amada
que mucho lo pensó,
el no sabe pero su corazón lo ayudo...
Fue así como él la tomo entre sus brazos
y como rayos de sol le dio calor,
mientras ella escuchaba los latidos de su corazón
los cuales eran acordes de cada letra que su amado le cantaba
que más que eso era porque su voz parecía canción.
Ella sintió que la embargaba una alegría rotunda
con una melancolía serena que no callo
y la lluvia tan lijera la acompaño.
Aquella última noche fue perfecta para los dos
pues la fría noche cálida se hizo,
y el corazón de la amada dio latidos solo para su amor
que se los dedico cual si fueran versos convertidos en canción.