sábado, 28 de enero de 2012

Mis lágrimas se confundían con la lluvia ácida que caía sobre mi rostro pálido y cansado, últimamente me ha sucedido lo mismo más de un par de veces y cuando me acerco al ventanal para tomar un poco de vida del aire de las montañas verdosas todo me parece igual, tal como si estas fueran diminutas montañas en un cuadro pintado por el más grande artista con mucha luz y sin movimiento. Prefiero cerrar mis ojos ya que todo cuanto veo me llena de nostalgia, en este momento llega a mi mente tan mas cálido rostro suave que me acorrala y mi corazón empieza a palpitar como si él estuviera presente, sus susurros los escucho tan finos que su voz es más hermosa que el canto de los pájaros verdes azulados que se asoman desde el balcón, siento acariciarlo desde el vacío de mi alma y de pronto, siento como el aire que salí a respirar brota en mi rostro y me dice su nombre, entonces mis mejillas se lavan con gotas cayendo desde mis ojos. Es aquí donde cierro las puertas de mi corazón y me olvido de todo, cierro el ventanal y una vez más vuelvo a la realidad de que él ya no está.

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