sábado, 18 de febrero de 2012

En aquella tienda donde salio mi ser y sin preguntarme se fue con él, compre unos discos de música clásica y un poco de jazz, su lejanía estaba perdida en un horizonte infinito de alcanzar, por poco me pierdo entre los instantes recorridos por el tenue pétalo de una flor y sin duda me hundo entre los escombros de su tierna mirada y como esbozando una sonrisa me invito a entrar en su regazo y así fue como me fui a vivir con él. En la primer semana como lluvia tenue sonaban los discos de jazz y su silueta se formaba mezclando nota tras nota como si sus movimientos entraran a lo más profundo de la música, no dejaba yo de mirarlo nunca ya que estaba él tan hermoso y fino como la lluvia detrás de la ventana en otoño hecha para disfrutarla. En el primer mes el susurro del aire me decía "te quiero" una y otra vez, sus complacientes besos se formaban de rayos de sol en plena primavera y nacían una por una rosas de muchos colores las cuales adornaban mi corazón y éste se adentraba caminando entre jardines sin prisa alguna contemplaba cada uno de éstos. En el primer año su lejanía seguía perdida ya que nunca la encontré, él seguía tan junto a mí como aquella sombra caminando conmigo, sin un ruido, tan sólo oía ese latir del corazón que sigue firmemente enamorado de mi y yo de él, desde entonces sigo conservando esos discos de jazz que han permanecido a lo largo de instantes eternos entre los escombros de su tierna mirada clavada en mi.

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