martes, 5 de febrero de 2013

El alma reposa en presencia de las palabras
y sonríe a través del espíritu que permanece cabal,
intocable por la luz opaca
y se refleja en el rostro de una niña dulce y cálida
sentada debajo de un árbol con la felicidad en su regazo,
derramando lagrimas de felicidad
por tan puro amor que yace dentro de ella
guiándose por las manos que la acompañan.
Las hojas de aquel árbol derraman el verde vivo del corazón
que se adentra en la esencia de aquel firmamento
cubierto por rostros jubilosos,
reflejo de los luceros de aquella inocencia.

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