lunes, 29 de diciembre de 2014

A lo lejos el murmuro de las hojas cayendo me acompañan, mi transitar es tan largo y buscó los cerezos para percibir su dulzura, con ellos me embriago y vuelvo a nacer, tan rosa fresca en su esplendor. Yo soy de él, de aquel cielo tan profundo que hipnotiza a la noche en medio del mar, su luz escapa entre mis mano más se sumerge en medio de mi corazón, así es él. Tan cálido con su luz prestada por las raíces de la estrella más dadivosa, tan misterioso como las profundidades del cielo que nos encierra, tan dentro está su mundo cómo las galaxias que me atrevo a entregarme a él, conocer su interior hasta quedarme lo más adentro sin poder salir, porque hay vida más allá de lo que nuestros ojos pueden percibir, pues mi alma observa mejor aquel horizonte no estrecho más en cambio siempre dispuesto a mi, me toma la mano y nunca me ha de soltar, ni yo a él.

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