viernes, 1 de octubre de 2010

Estrofa VII. A tu piel

Aniquila este fuego hiriente que se hará una escultura
De la más fina y bella figura que ni Mozart pueda tocar
Chocolate caliente a la media noche a tientas
Reflejando cada luna como lunares en la piel
Tu áspera piel de las manos como un violín desafinado
Que toca hermosa en una ópera perfecta
Con la vejez se hará más rigurosa pero quedara en ella
Tatuado el placer por mucho que se pierda el sentido de tu tacto.

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